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Una de las diapositivas d ela presentación de Adrián Segovia. No hay nada como hacernos preguntas sobre el tráfico de nuestra web, aunque las respuestas, a veces, no nos gusten demasiado. La audiencia es así de infiel y de brusca: suele decir las cosas a la cara.

La Reutralidad en la Red es de esas cosas que no se echa en falta hasta que se pierde.
Movilízate !!!

Foto: Efe

Una cosa no se puede negar: al contrario que sus compañeros de partido más tradicionales, ellos sí saben vestir el casual day.  Y con esa misma naturalidad se meten en cuantos jardines hagan falta sin el más mínimo reparo, como si se fueran de cañas. Juegan de tú a tú con la izquierda y los nacionalismos en cualquier terreno de juego, por muy embarrado que parezca. No como sus colegas de calle Génova, que históricamente han preferido quedarse en la grada para no mancharse los Sebago y  dirigir el partido desde lejos en una especie de autoexclusión política, también llamada complejo de derechas.

Alberto (Núñez Feijóo) y Antonio (Basagoiti) se plantaron en Cataluña para visitar a Alicia (Sánchez-Camacho) y reeditar una Galeusca a la española; una declaración de intenciones que se desmarca de los comportamientos habituales del conservador tipo, reacio siempre a reconocer su condición por miedo a verse sometidos a un outing ideológico. Esta derecha ha salido del armario con desparpajo, sin complejos y con incontinencia verbal desconocida a la hora de hablar de la unidad de España, del aborto, de la homosexualidad o de la Iglesia. Ellos también quiere tocar el balón político, y demagógico a veces, en un tiki taka hasta ahora patrimonio de la izquierda. La misma izquierda que les acusa de ser de derechas, como si ellos no supieran que son de derechas. La diferencia es que pertenecen a una generación que no busca al limpiabotas del Palace porque no se lo pide el cuerpo. Y eso se nota.

Cuando una sociedad tiene miedo a las palabras es que algo no funciona bien. Maniatados por el verbo y el adjetivo, como si cada frase tuviese que ajustarse al dictado perverso de lo correcto, asistimos a una de las etapas contemporáneas para reaccionarias frente a la retórica del lenguaje. Y aún peor, de las ideas. Rodeados de una paranoia del pie de la letra, incapaz de discernir entre la letra y el espíritu, de la ley, de la opinión y también del insulto. La libertad de expresión camina por una autovía de sentido único, sin arcenes ni escapatorias y con guardarraíles capaces de mutilar al que derrape por su discurso hacia la cuneta. Acotada, esta libertad, por los que se arrogan la autoridad para decidir lo que está bien o está mal, lo que es justo o injusto, las ideas que valen y las que no valen.

Si Pérez Reverte dice que Moratinos llora “como un perfecto mierda”, pues peor para el escritor o para el ministro. El insultante queda retratado, para bien o para mal, y el insultado queda a salvo siempre y cuando no se haya comportado como un “perfecto mierda”, que no parace el caso. Ni podemos obligar a Reverte a que se muerda la lengua ni evitar que Moratinos considere a Reverte un perfecto mierda. Es el precio de la convivencia entre inteligentes, entre animales capaces de discernir, de burlar la cornada de un insulto con un quite de ironía.

Todo el mundo, que se sepa, es libre de ofender al otro. Porque ya se sabe que no ofende quien quiere, sino quien puede.  Sólo tiene que pagar por  ello, si llegara el caso, con el sonrojo, el descrédito, el ridículo, la sanción o la privación de libertad si llegara el caso. O también con la admiración de aquellos que pudieran sentirse recompensados por tamañana ofensa.

Las palabras solo pueden dar miedo a aquellos que teman enfrentarse con la verdad. Y la verdad, como las ideas, no necesita plañideras, porque sabe cuidarse muy bien.

Hoy, aquí en España, ningún dúo dinámico podría cantar aquello de 15 años tiene mi amor / Dulce, tierna como una flor sin correr el riesgo de que se boicotearan sus apariciones televisivas por perversos y canallas; los componentes de La Polla Records entrarían directamente en la cárcel por decir cosas como Tengo una chica ye-ye / que se masturba con el pie / ye ye ye ye ye ye …/… Me pondré borracho y le pegaré /desahogaré mi fustración, y Mecano sería vituperado por componer cosas tan homófobas como la culpa es del alcohol /debí mezclar hasta volverme maricón en su canción Stereosexual… Y muchos, muchos ejemplos más. Bendita libertad de expresión de los 80, aunque me temo que muchos de los que la disfrutaron como adolescentes, gracias por otra parte a los que de verdad se exponían al insulto o la crítica, ahora se sienten molestos e indignados. Será cosa de los sofocos de la edad.

P. D. Sofoco utilizado en la tercera acepción del Diccionario de la Real Academia Española: 3. m. Grave disgusto que se da o se recibe. Ni mucho menos, válgame Dios, en su segunda acepción: 2. m. Sensación de calor, muchas veces acompañada de sudor y enrojecimiento de la piel, que suelen sufrir las mujeres en la época de la menopausia. Vayamos a joderla.

“No digas nada que no quepa en un titular”. Rubalcaba a Zapatero. Crónica de El Mundo

1. Muchos gallos en el gallinero. Es más, Ramón Gorriarán me dice que no es que haya muchos gallos, es que están todos. Rubalcaba lleva los galones, pero Blanco, Jáuregui, Chaves… también querrán los suyos.

2. Valeriano Gómez, un sindicalista con la cartera de ministro de Trabajo. Acudió a la manifestación de la huelga general contra las reformas. Corre el riesgo de que le pase como a Zapatero, que pasará a la historia por ser el presidente que más recortes sociales realizó durante su mandato. Como les ocurre a los ex fumadores, un sindicalista converso puede ser temible.

3. Bibiana Aido acepta que la degraden a secretaria de Estado. Pero su verdadera penitencia es que tendrá como jefa a Leire Pajín. Las jefas (como los jefes) llevan muy mal que sus subordinadas les hagan la competencia en lo realmente importante. Su rivalidad puede dar días gloriosos.

4. Que la sanidad esté en manos de Leire Pajín es una prueba de fe. Ella, la nueva ministra de Sanidad, ha sido la estrella del día en la red. El motivo: su pulsera power balance, consideradas un engaño por Consumo. Su lapidaria frase de acontecimiento histórico en el planeta, convertido por el boca a boca en acontecimiento planetario,  le perseguirá hasta su epitafio.

5. ¿Y cómo queda el ministro Blanco? El queda igual -al menos, por el momento-, pero como los demás suben, se puede afirmar que pierde peso. Veremos.

6. Trinidad Jiménez, Trini para los amigos y señorita Trini para Guerra, recibe el premio a la lealtad. Ayer fue el virus de la gripe A y hoy Mohamed VI, Chavez, los hermanos Castro y Caruana, que serán algunos de sus próximos quebraderos de cabeza. ¿Se puede saber tanto de pandemias y tanto de los conflictos con Marruecos, Venezuela, Cuba o Gibraltar?  Ella sí, aunque en Madrid sus compañeros de partido no supieran reconocerle tanta capacidad.

7. López de Uralde, ex líder de greenpeace y ahora líder e Equo, está ufano porque cree que Zapatero ha pensado en ellos en esta crisis de Gobierno. Rosa Aguilar es de esos políticos a los que su partido se le queda chico para sus aspiraciones. Criada en el Partido Comunista aporta un punto de izquierda de toda la vida alejado del glamour couché. A Griñán, presidente en Andalucía, le sale una nueva competidora cara al futuro.

8. Ramón Jáuregui es un político creíble. Ahora, después de ser defenestrado, es un apoyo útil en la aspiración de Zapatero de que el final de ETA sea una realidad antes de marzo de 2012.

9. Al final, Gaspar Zarrías sigue como estaba. Asomado a la puerta pero sin permiso para entrar. Le pudieron las ganas -a él o a sus enemigos- y su nombre sonó, quizá, con demasiada insistencia.

10. Dicen que Moratinos lloró, como un niño sin juguete. No se sabe qué le duele más su salida o su sustituta.

11. Con esta crisis Zapatero quiere llegar a marzo de 2011 con opciones para ganar. Él lo cree posible. Y ya se sabe, lo peligroso de los sueños es que, a veces, se cumplen.

Tengo 44 años. No estuve en el mayo francés, ni corrí delante de los grises. Lo más de lo más fue cantar Libertad sin ira en clase, con los profesores (uno de ellos Telesforo) a la guitarra y siendo un niño. Es decir, no tengo nostalgia activista, ni revolucionaria. El día del golpe del 23-F nos pasamos toda la tarde jugando al baloncesto sin enterarnos de nada hasta que nuestros padres vinieron a recogernos alarmados.

A pesar de este escaso bagaje, hoy no puedo más que extrañarme de la escasa actividad universitaria en el contexto de la crisis. No existe masa crítica en las facultades, ni se alzan voces contra un futuro cada vez más negro, con menos libertades y con derechos cada vez más comprometidos. No caeré en el tópico de calificar a las generaciones universitarias de acomodadas… Hoy, quizás más que nunca, hay miles de jóvenes comprometidos, pero de otra forma; más desde una perspectiva individual que colectiva.

Hablando de ello en la redacción creemos, porque hablamos de oídas, que no existe inquietud política, y que los pocos jóvenes seducidos por ella caen pronto en las redes del sistema de partidos, con cargos precoces, sueldos también precoces y vicios puretas entre coches oficiales y aspiraciones de diputado del Congreso, como diría Sabina. Al menos que se sepa, pocos de ellos quieren cambiar el mundo; y si a esa edad se es demasiado mayor para querer cambiar el mundo la madurez solo les puede reservar una carrera anodina entragada al mejor postor.

Si la generación de universitarios erasmus asiste hoy impasible a los efectos y razones de esta crisis, habrá pocas cosas que les movilice como generación. Ellos podrán echarle la culpa a sus padres, a las comodidades con las que crecieron; y los padres, una vez más, se culparán a sí mismos, como siempre, exculpando a una generación ¿perdida?

Protesta de estudiantes contra Sarkozy (AP Francoise Mori)

Que hay muchos españoles que no están contentos con Zapatero es una obviedad. Los hay de todas clases: de derechas, muy de derechas, mucho más de derechas… pero también de izquierdas, muy de izquierdas, socialialistas, comunistas, anarquistas, liberales, monárquicos, republicanos, despistados, turistas, rockeros, góticos, cristianos o agnósticos, que son los que lo tienen más fácil. Que son muchos los que le hubiera gustado también estar hoy en el Paseo de la Castellana para gritar eso de ¡Zapatero dimisión!, pues también. Por todo ello es preferible no caer en la exaltación de lo obvio: hay mucha gente que no quiere a Zapatero.

Otra cosa bien distinta es la oportunidad a la hora de expresar ese descontento. Es evidente que utilizar el acto institucional del Desfile Militar no es una decisión acertada, más bien reprochable, a pesar de que muchos puedan decir que no hay muchas oportunidades, por no decir ninguna otra, en la que el presidente del Gobierno se vea obligado a someterse al calvario de un acto público en el que no está arropado por sus militantes, simpatizantes y por sus compañeros de partido, que ya se sabe que son los amigos más peligrosos. Parece claro: está muy mal que unos cuantos -sí, unos cuantos- aprovecharan el Desfile Militar para abuchear a Zapatero.

No debiéramos, por tanto,  dar una trascendencia especial a este hecho hasta convertirlo en un problema casi de Estado. Ya lo decía el año pasado Mariano Rajoy: “Este domingo tengo el coñazo del desfile… en fin, un plan apasionante”. Habría que reflexionar sobre los motivos por los que una fiesta que pretende rendir homenaje a las Fuerzas Armadas es incapaz de generar, al menos, un día de cordialidad. Y da la sensación de que, una vez más, los partidos políticos y sus dirigentes han convertido este día festivo en un motivo más para el enfrentamiento y la utilización política.

Si políticos de Cataluña, del País Vasco y otras comunidades autónomas utilizan esta fiesta para afianzar sus deseos de diferenciación; si Rajoy se aburre tanto, y Zapatero lo aprovechó en su día para rentabilizar su entonces desprecio a Estados Unidos, no nos podemos extrañar que ciudadanos más o menos exaltados se levanten temprano, cojan sitio, aguarden algunas horas y se desahoguen gritándole a la cara eso de Zapatero dimisión. Tan injustos unos como otros con unas Fuerzas Armadas, que no ganan para disgustos.

El año que viene podría ser Vicente del Bosque el encargado de recibir al Rey mientras Xabi, Casillas, Llorente, Sergio Ramos, Nadal, Alonso, Pau Gasol y Contador aguardan en la tribuna de autoridades y Sara Carbonero le hace confidencias a la princesa Letizia. Entonces la exaltación del espíritu nacional quedaría a salvo, los soldados desfilarían entre vítores de ¡Viva España! y las diferencias autonómicas quedarías diluidas por el irrefrenable efecto aglutinador de La Roja.

¡Qué país!