Sólo el talento y la empatía, un compromiso activo que nos hace parte de una experiencia colectiva, nos sacará de la crisis
Jeremy Rifkin
Vía Joana Bonet
Sólo el talento y la empatía, un compromiso activo que nos hace parte de una experiencia colectiva, nos sacará de la crisis
Jeremy Rifkin
Vía Joana Bonet
Tengo 44 años. No estuve en el mayo francés, ni corrí delante de los grises. Lo más de lo más fue cantar Libertad sin ira en clase, con los profesores (uno de ellos Telesforo) a la guitarra y siendo un niño. Es decir, no tengo nostalgia activista, ni revolucionaria. El día del golpe del 23-F nos pasamos toda la tarde jugando al baloncesto sin enterarnos de nada hasta que nuestros padres vinieron a recogernos alarmados.
A pesar de este escaso bagaje, hoy no puedo más que extrañarme de la escasa actividad universitaria en el contexto de la crisis. No existe masa crítica en las facultades, ni se alzan voces contra un futuro cada vez más negro, con menos libertades y con derechos cada vez más comprometidos. No caeré en el tópico de calificar a las generaciones universitarias de acomodadas… Hoy, quizás más que nunca, hay miles de jóvenes comprometidos, pero de otra forma; más desde una perspectiva individual que colectiva.
Hablando de ello en la redacción creemos, porque hablamos de oídas, que no existe inquietud política, y que los pocos jóvenes seducidos por ella caen pronto en las redes del sistema de partidos, con cargos precoces, sueldos también precoces y vicios puretas entre coches oficiales y aspiraciones de diputado del Congreso, como diría Sabina. Al menos que se sepa, pocos de ellos quieren cambiar el mundo; y si a esa edad se es demasiado mayor para querer cambiar el mundo la madurez solo les puede reservar una carrera anodina entragada al mejor postor.
Si la generación de universitarios erasmus asiste hoy impasible a los efectos y razones de esta crisis, habrá pocas cosas que les movilice como generación. Ellos podrán echarle la culpa a sus padres, a las comodidades con las que crecieron; y los padres, una vez más, se culparán a sí mismos, como siempre, exculpando a una generación ¿perdida?
¿Cuál ha sido el coste de esta huelga general? Si pudiésemos tener este dato probablemente ninguno de los convocante podría mantener sus argumentos ni un solo minuto. No cabe duda de que ha sido la huelga más rara y extraña de la historia, quizá por innecesaria, por inútil y porque ni los propios creían en su oportunidad. Ha sido una huelga a la fuerza en la que los sindicatos han salido a la calle con el objetivo de no fracasar. Y en este empeño, cosas y perversiones del sistema, han contado con la colaboración del Gobierno, de la oposición y de algunos empresarios. No había que hacer sangre y dejarle una salida digna, aunque fuese por la puerta de atrás, a Toxo y Méndez. Lo peor es que este sainete lo han pagado todos los españoles y el rédito de la protesta se antoja escaso, por no decir nulo.
En fin, este capricho de Toxo y Méndez nos ha salido, cuanto menos, muy caro. Ha sido un paso más en el descrédito de un sistema en el que el ciudadano siempre es el último de la fila.
Es cierto que hay crisis, y muy grave… pero de ahí a estar pregonándolo a los cuatro vientos todo el santo día…
Ningún otro sector lleva tan interiorizado el sentimiento de autodestrucción: la prensa no deja de decir que la prensa se muere…
Ahí va el reportaje de Informe Semanal sobre la prensa…
Recomiendo esta entrevista… En 45 minutos Tepper explica la crisis… Muy interesante…