Uno de los efectos de la restructuración de los medios de comunicación es la búsqueda del perfil del nuevo periodista. Y en esta tarea se escuchan todo tipo de eufemismos para describir la necesidad de un periodista polivalente, eficaz y capaz de desarrollar su labor en diferentes medios (soportes). Cuando se acuñó el término periodista multimedia el pánico cundió por las redacciones, mientras que en el área de gerencia se frontaban las manos ante la posibilidad de un nuevo descubrimiento: un periodista capaz de hacer el trabajo de tres. Ni una cosa ni la otra. Desde entonces, allá por el año 2000 en España, se intenta descubrir con poco éxito qué es eso de periodista multimedia, también llamado periodista orquesta y últimamente periodista bimedia, periodista tecnológico, periodista multisoporte…cuando no redactor, comunicador, dinamizador social…

La realidad -mi realidad- es que lo que ahora exige este oficio es un viaje al pasado para recuperar el viejo periodista, aquel cuyo trabajo consistía en conseguir información actual, relevante, trascendente, sorprendente y, a ser posible, exclusiva. Vaya, lo que denomina: noticia. Y para ello, el periodista disponía (dispone) de tres herramientas fundamentales: el oficio, el instinto y las fuentes. Todo ello se puede salpimentar con insistencia, cabezonería, persuasión, empatía y cuantas habilidades permitan lograr y enterarse el primero de lo que nadie se entera. También se puede definir como buscarse la vida.
Está ya superada (después de que muchos editores quedaran deslumbrados con experimentos de redacciones multimedia -Tampa, Chicago y demás- o integraciones más o menos atrevidas, arriesgadas e innovadoras) esa idea del periodista orquesta: no se puede hacer de todo y hacerlo bien. Otra cosa bien distinta es que sepamos hacer de casi todo, que lo sepamos hacer bien y que estemos dispuestos a hacerlo.
Hoy en día, cuando la accesibilidad a documentación e información es más fácil que en ninguna otra etapa de la historia periodística, en teoría se debería hacer mejor periodismo, pero la razón es que el archivo de documentación y los gabinetes de prensa mataron un día no muy lejano a la estrella del periodismo.
Se trata, al fin y al cabo, de una vuelta a los orígenes. ¿Sería posible hoy hacer periodismo sin internet ni teléfonos móviles? Indudablemente, sí. Y probablemente sería mejor. Ello no significa renunciar a los avances tecnológicos, ni mucho menos, sino utilizarlos para mejorar nuestro periodismo. Parece evidente que lo que se ha producido es un proceso de acomodamiento, autocomplacencia y aburguesamiento en nosostros los periodistas.
Muchas empresas se deslumbran con curriculums vitae repletos de habilidades tecnológicas y de programas más o menos conocidos y deslumbrante. De hecho, comienza a ser un plus que los candidatos estén en Facebook o Tuenti, que chateen con Messenger o Twitter, que suban fotos a Flick o videos a Youtube. Y si tienen un blog, pues entonces algunos enloquecen.
Esta situación, que es positiva al evidenciar el dominio de una serie de programas, herramientas y habilidades, no deja de ser irrelevante. Lo importante, y difícil, es encontrar a periodistas capaces de aplicar todo ello a su trabajo periodístico para mejorarlo y que no se queden en una mera utilización doméstica y privada de esos recursos. Es habitiual encontrar a jóvenes supuestamente ultratecnológicos incapaces de aprovecharse de Facebook, Twitter o simplemente Google para trabajar mejor. Y también para no trabajar peor.
Por ello, también es fácil ver cómo periodistas de raza aparentemente menos tecnologizados quedan maravillados por las posibilidades de estas aplicaciones cuando las descubren y cómo empiezan a manejarlas como fuentes de información en favor de su tarea y de su trabajo.
Quiere ello decir que lo difícil es encontrar buenos periodistas y lo fácil es enseñarles estas posibilidades de la red y su manejo.
El nuevo periodista, por tanto, debe ser el que tenga interiorizadas las habilidades del viejo periodista y tenga actitud y aptitud para aprender una serie de herramientas tecnológicas y aplicarlas a su tarea diaria.
Así pues, podemos atrevernos a describir cómo deberíamos ser los nuevos periodistas:
- Buscar noticias (sea como sea)
- Manejar un volumen importante de fuentes.
- Tener habilidades e instrumentos para generar más fuentes.
- Tener actitud para aprender a utilizar nuevas aplicaciones informáticas y para aplicarlas a nuestro oficio.
- Capacidad para valorar lo importante de lo irrelevante.
- Tener instinto salvaje y oficio para saber/buscar dónde está la noticia.
Y algunas cosas nuevas….
- Generar comunidad entre nuestros lectores.
- Interrelacionarnos con ellos.
- Comunicar a través de varios soportes: prensa, radio, televisión, internet… (Esto realmente no es nada nuevo… ya lo hacían nuestros padres y abuelos… Escribían en periódicos, se buscan un sobresuelto en la Hoja del Lunes o en revistas especializadas, eran corresponsales de medios nacionales, iban a tertulias de televisión, ayudaban al colega en los viajes para radiar los partidos de fútbol y cuanto se ponía por delante… Ellos, sin saberlo, eran periodistas multimedia y nunca tuvieron complejo de hombres orquesta).
- Conocer los lenguajes y características de los diferentes medios…
Y sería la repera…
- Tener nociones de edición de video y audio.
- Tener nociones de grabación de video.
- Saber subir videos, audios y fotos a la red.
- Tener nociones de movilidad (uso del móvil para grabar audio, hacer fotos y enviar textos a la red)
- Dominio de aplicaciones para la búsqueda y actualización de información en la red.
- Tener interiorizado el sentido de la inmediatez periodística.
Y sería la hostia…
- Que le gustara todo esto y que disfrutara con su trabajo