No estamos tan mal como parece. Con esta frase Zapatero ha lanzado un aviso a los que le dan por derrotado. Como queriendo recordar que hace diez años pocos daban un duro por él y acabó convirtiéndose en el secretario general del PSOE. Zapatero se presentó ante los suyos y ante todo aquel que quisiera verle regenerado tras los combates de las últimas semanas: mejor aspecto, bien trajeado teniendo en cuenta sus posibilidades y con una leyenda a sus pies: Zapatero 10. Un declaración de intenciones de todo su equipo, como si quisiera rescatar el espíritu que les llevó primero a la dirección del partido y luego a la presidencia del Gobierno. Aquel espíritu que el ministro José Blanco resume perfectamente: ganamos el congreso con un teléfono móvil.
A Zapatero se le ha visto reforzado, como si todas las críticas, embates y desprestigios apenas hubieran hecho mella en él. Y me lo creo, porque si algo tiene Zapatero es que pocas cosas hacen mella en él. Ni siquiera las importantes. Zapatero y el equipo de Zapatero 10 saben muy bien cómo funciona esta sociedad, cómo manejar la frivolidad hasta el extremo de convertirla en un modelo de gestión y de persuasión. Sólo importa lo de hoy, porque lo de ayer ya está olvidado y lo de mañana, mañana veremos. He visto a un Zapatero que, si seguimos al pie de la letra esta idea, parecía hasta convincente, seguro y envalentonado. ¿Quién se acuerda ya de la congelación de las pensiones? ¿quién se acuerda del recorte salarial a los funcionarios? ¿y quién del recorte de inversiones públicas? ¿quién de la ruina que tenemos encima? “No estamos tan mal como parece”, dice Zapatero, que con un nudo impostado en la garganta, con ojos vidriosos y el puño cerrado de rabia dice que el está orgulloso de España y de los españoles. Como para que no lo estuviera.


