Notas. Un apunte sobre el periodismo local

Llevo tiempo intentando escribir sobre lo que entiendo por periodismo local. Y todo ello sin intentar recurrir a ninguna frase célebre de algún periodista célebre.  Para mi el periodismo local es heredero del periodismo más primitivo: una persona en la calle contando lo que pasa en la calle. Por eso en la información local históricamente han tenido tanto peso los sucesos, las notas de sociedad y comercio, las esquelas y la publicidad. Informarse de accidentes violentos, enterarse de los fallecimientos, de la actividad comercial de la ciudad y del último invento que comprar en la tienda, sea un nuevo artilugio para lavar la ropa, una cama con somier o el último elixir de la felicidad. Desde sus orígenes, el periódico local se ha basado en la cercanía y en la utilidad y como instrumento para que los ciudadanos conocieran las decisiones de las autoridades y también para transmitir a éstas las quejas y lamentos de la calle, lo que desembocó en el papel de ‘guardián’ de los diarios respecto al poder político y económico, con las limitaciones históricas que todos conocemos.

Imagen de noticias publicadas en La Unión Mercantil y El Popular (Archivo Díaz de Escovar)
Imagen de noticias publicadas en La Unión Mercantil y El Popular

Si pensamos con calma, en esencia pocas cosas han cambiado desde el siglo XIX –cuando El Popular o La Unión Mercantil eran los diarios de Málaga– hasta nuestros días, más allá de los avances tecnológicos. De hecho, una noticia de El Popular el 1 de julio de 1903 ya alertaba de los malos olores del río Guadalmedina, igual que ocurre en 2015, más de un siglo después. Otra información de este periódico republicano se alegraba de la mejoría de don Federico Albadalejo, al que le deseaban un pronto alivio. O hablaban de la decisión del Gobierno de subastar las grúas del muelle y de una reyerta en Capuchinos. Y nosotros, en SUR, intentamos ser fieles a esa esencia y trabajar como lo que somos, un periódico (web) local: contar lo que pasa en la calle e informar también a nuestros lectores sobre lo que ocurre fuera, en España y en el mundo sin que necesiten acudir a otra fuente de información. Como también hacía aquellos periódicos de entonces.

Por eso escribimos de sucesos, de las tiendas que cierran y abren en Málaga, de personajes que se jubilan, de las quejas ciudadanas por pequeñas que sean, de las novedades comerciales, de las nuevas empresas que nacen, crecen o desaparecen en la ciudad, de los éxitos deportivos, de los eventos sociales, de los mejores restaurantes, de historias de superación de ciudadanos anónimos, de los mejores estudiantes, de las exportaciones de aguacates o del vino que se hace en Ronda, de la situación de la economía, del empleo, de las (pocas) fábricas … Al fin y al cabo de los latidos de la ciudad (provincia), que son muchos. Y también hay espacio, cómo no, para las esquelas, los obituarios, nacimientos, bodas, celebraciones y onomásticas. O para la presentación de un libro o una cena benéfica. Para la Semana Santa o el Carnaval. La cuestión es que cada uno de estos asuntos debe estar publicado con criterio y con el espacio y en el lugar adecuado. Leer los periódicos de aquella época ayuda, desde mi punto de vista, a intuir un poco mejor el periodismo de hoy. Los periódicos locales siempre estamos ahí. Que se lo pregunten al Diario de Pontevedra, que captó ayer mejor que ninguno la agresión al presidente Rajoy.

Pero, como entonces, también escribimos de política y de cómo esas decisiones de la ‘autoridad’ afectan a la ciudad y a sus ciudadanos. Y es entonces cuando ejercemos como periódico local el papel de guardián, de observador independiente, de control del poder económico y político y de correa de transmisión entre las inquietudes (generalmente quejas) de los lectores y el poder. Hoy, más que nunca, es trascendental el papel de los periódicos en la exigencia de transparencia de la gestión pública y en la tarea aportar datos, contexto y análisis sobre los efectos de esa gestión.

Al no estar polarizados políticamente como la prensa de Madrid, un periódico local como SUR tiene un planteamiento editorial transversal, en la que no prima un posicionamiento ideológico y político concreto sino el interés de la comunidad, en el que confluyen votantes de todo el espectro político. La visión de SUR en este caso es contribuir a mejorar la sociedad a través de su compromiso con la información plural, veraz e independiente.

¿Y que ocurre con el nuevo ecosistema digital? Pues que ha introducido nuevos modelos de trabajo y retos para los periódicos locales y sus periodistas. Ahora la comunicación y el diálogo medio-lector ha crecido exponencialmente (ya existía en el siglo XIX) y la calle también es digital. Tan importante es estar en la calle como estar en las redes digitales, como durante toda la vida hemos estado en las redes ciudadana ‘analógicas’. Y en ambas hay que hablar con la gente, dialogar, generar fuentes y fidelidad. Tener los ojos abiertos, escuchar, preguntar y preguntar. Lo que siempre se ha conocido como hacer periodismo de calle. Y esta nueva situación también ha generado una nueva cartera de contenidos más allá del que aporta el propio ciudadanos al medio. Surgen historias en las propias redes sociales que es preciso tratar con nuevos códigos y con los de siempre (contrastar, confirmar, etc.), tenemos accesos a datos que hay que ser capaces de procesar, analizar y contextualizar y tenemos oportunidad de contabilizar absolutamente todo y conocer mejor los intereses informativos del lector y su umbral de atención.

¿Y que quiero decir con todo esto? Pues que todo esto es periodismo y que lo que define si un contenido es periodístico es cómo afrontamos y contamos a nuestros lectores cada historia y no el contenido en sí. Existen hoy demasiados prejuicios (la mayoría interesados) que tratan de determinar y sancionar lo que es periodismo y lo que no. Se puede hacer periodismo en Siria o en una cuneta de los Montes de Málaga, en el Congreso de los Diputados o en el pleno del Ayuntamiento de Torremolinos, en la junta de accionistas de cualquier compañía del Ibex35 o en el PTA, en la gala de la Guía Michelín en Santiago o en un bar de Frigiliana conociendo cómo se cocinan una migas, en las elecciones generales o en la municipales, escribiendo sobre la prima de riesgo o sobre los siete secretos para correr un maratón después de los 50. Y lo podemos hacer con el estilo de Leguineche o con una lista de 17 puntos, o de 23. O en video. O con una galería de fotos.

Y en esto estamos, intentando hacer periodismo. Cada día y en cada calle.

Manolo Castillo
17 de diciembre de 2015

 

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